Pausa y Silencio (12 min)

He preparado un ejemplo de uso de canto para entrar y salir de la oración Centrante que podría ser de gran utilidad durante nuestra vida diaria.

Agradezco el material usado a Carmen Horst y Cristina Horst de Roberts.

De La Curación A La Santidad_1

Un punto que deseo tocar hoy es sobre  la metáfora que usa el padre Thomas Keating del terapeuta Divino:

“Dios es como un terapeuta divino”, es lo que sostiene Thomas Keating; está hablando en el lenguaje de la poesía, no de la ciencia. Sin embargo nos  ayuda a entender el proceso que ocurre durante la Oración Centrante. Si se la toma demasiado literalmente o se la lleva demasiado lejos, puede terminar distorsionando el camino que está tratando de iluminar.

Hay que recordar que:

  “La psicoterapia clásica tiene lugar dentro del dominio del funcionamiento egoico; su objetivo es mejorarlo. A través de la terapia, las personas heridas y disfuncionales obtienen la ayuda que necesitan para vivir una vida mejor adaptada y más exitosa. Los egos débiles y dañados ganan autoestima, y los demasiado defendidos aprenden a relajarse y disfrutar del viaje.”

“El trabajo espiritual clásico, sin importar cuál sea la tradición religiosa, se trata de trascender el ego. Busca despertar dentro de una persona algo que se reconozca como “verdadero yo” o Yo superior. Esto no significa necesariamente eliminar el ego, sino más bien desplazarlo como asiento de la propia identidad personal. El proceso es como descubrir que la tierra gira alrededor del sol y no al revés.”

En la versión del viaje espiritual de Keating, cuando uno emprende este viaje para “desmantelar el falso yo”, ¿qué es exactamente lo que se está desmantelando? Y cuando ha sido desmantelado, ¿quién o qué es el yo que queda?

El término falso yo no se origina con Thomas Keating; lo encontrará extensamente en los escritos de Thomas Merton y otros escritores espirituales. Pero casi siempre se usa en un sentido genérico, más o menos sinónimo de funcionamiento egoico en sí mismo. 

Al adaptar el término a su propia enseñanza, Thomas Keating añade un matiz muy significativo. En su versión, el falso yo siempre está herido; surge específicamente como un mecanismo de defensa contra las amenazas y privaciones percibidas durante la infancia y la primera infancia (e incluso en el útero). 

 El falso yo es, por definición, neurótico y, al menos en teoría, es un error prevenible, ya que sus raíces se encuentran en última instancia en las deficiencias de la crianza (ya sea intencional o no). El falso yo de Keating no es solo un funcionamiento del ego per se, sino una función del ego particularmente inadaptada que necesita un diagnóstico y tratamiento adecuados.

Este uso más restringido del término encaja muy bien con la psicología clásica del desarrollo. Pero inadvertidamente introduce otra posibilidad en la ecuación. Si el falso yo se define como una manifestación distorsionada del ser egoico, entonces la inferencia demasiado obvia es que el verdadero yo sería el ego curado de sus distorsiones y defensas, o en otras palabras, el ego sano.

Si se comete este error, la trascendencia del ego desaparece del cuadro, y “la terapia divina” se convierte simplemente en una vieja terapia. La individualidad trascendente del ego no ocurre. Simplemente  ocurre un funcionamiento egoico elevado. Sucede que disminuyen las partes negativas de los programas del falso yo y por lo tanto se abre la capacidad de abrirse éxito en el mundo.

El “verdadero yo” cuando se describe teológicamente, operativamente implica el cambio a un tipo diferente de conciencia llamada no dual o “unitiva” en la terminología  cristiana clásica, que fluye desde un lugar más profundo dentro de nosotros.

La evolución  de nuestro viaje interior casi siempre comienza a través de un despertar de la conexión con esa conciencia más profunda e ilimitada dentro de nosotros, como ocurre en la práctica de la Oración Centrante.

Pero una vez que se ha experimentado esto, el cambio del yo egoico al yo trascendente o “verdadero” se  lleva a cabo tradicionalmente en el trabajo interior a través del desarrollo de un  observador interior, cuyo propósito es hacer un seguimiento del panorama general y mediar entre estos dos sentidos legítimos pero muy diferentes de la individualidad. El punto principal es cuando trabaje con la metáfora de la terapia divina, es que se tenga en cuenta que el objetivo de esta “terapia” se extiende mucho, mucho más allá de la terapia tal como se ha constituido tradicionalmente. Se trata realmente de la santificación. Es la “terapia” del Misterio de Cristo.

Referencia: Bourgeault, Cynthia. Centering Prayer and Inner Awakening. Cowley Publications, 2004, Chapter 10, From Healing to Holiness p.101-110 

Creación De La Practica De la Oración Centrante como Método Devocional y Psicológico

Método desarrollado específicamente como un diálogo entre el lenguaje clásico del camino espiritual cristiano y los modelos psicológicos contemporáneos.

En la década de los 60 Fr. Keating y los hermanos de la Abadía de St. Joseph en Massachussets, comenzaron a desarrollar una renovación de la oración contemplativa de manera de poder responder a la deserción masiva de católicos  a caminos espirituales orientales. Se basó en el uso de un libro llamado “ La Nube del Desconocimento” de autor anónimo del siglo XIV. 

La Oración Centrante, como se llamó el método, era un método devocional puro y simple. Una forma de profundizar e intensificar la relación con Dios. En ese momento no había ninguna base psicológica.

En el verano de  1983, Fr. Keating organizó el primer retiro Intensivo en La Fundación Lama en San Cristóbal, New Mexico, por un periodo de 2 semanas, en donde se pudiera tener una inmersión profunda.

Los efectos fueron impresionantes al ser expuestos a 5 horas diarias de meditación.     Lágrimas, recuerdos reprimidos, intuiciones profundas, todo mezclado en la superficie, junto con una sensación de catarsis y vínculo entre los 12 participantes .

 Fr. Keating hace referencia de haber visto a las personas pasando en 10 días lo que les hubiera costado 20 años en el monasterio. ¿Qué había sucedido? Fr. Keating se dió cuenta que el método de la Oración Centrante había producido estos efectos.

La Oración Centrante es un método de rendición, o, para describir este mismo movimiento desde un punto de vista psicológico más que un punto de vista teológico, un método receptivo. No implica una concentración sino una relajación de la atención para que ya no haya un foco unidireccional para la mente.

La Psicología Transpersonal estaba en ese momento todavía en su infancia, pero 

desde entonces ha confirmado lo que Keating descubrió a través de observación: cuanto más receptivo es el método de meditación, mayor y más inmediata es la implicación del inconsciente. 

Los métodos concéntrativos, que implican siempre un cierto grado de esfuerzo egoico, tienden a retardar la participación del inconsciente. Los métodos receptivos, por otro lado, lo fomentan, particularmente en una situación de grupo intensivo como el retiro pionero.

Pero el verdadero salto intuitivo de Keating fue reconocer la importancia de esta observación: esta “descarga del inconsciente”, como él la llamaría más tarde, no era un efecto secundario intrascendente, sino un proceso de purificación significativo en el trabajo. De hecho, este fue el vínculo de conexión que había estado buscando durante mucho tiempo, entre la purificación tal como se presenta tradicionalmente en la enseñanza cristiana (como una reprogramación de la motivación consciente, o la lucha contra el pecado), y la realización de la psicología contemporánea que tal reprogramación va sólo superficialmente y, de hecho, puede causar graves daños si se utiliza para la represión y la negación de los impulsos inconscientes. “La verdadera ascesis es la purificación de los motivos inconscientes”, había argumentado Keating durante mucho tiempo, pero ¿cómo llegar a ellos? Con la Oración Centrante como catalizador del inconsciente, encontró su herramienta y su paradigma.

Así, la Oración Centrante renació no sólo como un método devocional sino también psicológico. En la década que siguió a ese primer retiro de Lama, reconociendo la necesidad de proporcionar apoyo y un marco conceptual para las crecientes filas de practicantes de Oración Centrante, Keating produjo la primera cinta de 24 serie de videos, luego una serie de libros: Mente Abierta, Corazón Abierto (1986), El Misterio de Cristo (1987), Invitación al Amor (1992) e Intimidad con Dios (1994), en las que despliega una visión cada vez más cohesiva y sutil del “viaje espiritual” cristiano: el camino de la sanación interior y la transformación que comienza cuando uno adopta una práctica regular de la Oración Centrante.

Hoy día, es por esta enseñanza que es principalmente conocido  y sobre la que descansa su enorme popularidad como maestro espiritual. En sus palabras, “El Método de la Oración Centrante se desarrolló específicamente como un diálogo entre los modelos psicológicos contemporáneos y el lenguaje clásico del camino espiritual cristiano”.

En una síntesis ambiciosa e innovadora, Keating entrelaza la sabiduría tradicional de Tomás de Aquino, Teresa de Ávila y Juan de la Cruz con las ideas contemporáneas de Ken Wilber, Michael Washburn, Jean Piaget e incluso el Método de los Doce Pasos de los Alcohólicos Anónimos. El resultado es un paradigma psico-espiritual integral que comienza en la herida y termina, si una persona está dispuesta a llevarlo tan lejos, en la unión transformadora. Él lo llama la Terapia Divina.

Referencia: Bourgeault, Cynthia. Centering Prayer and Inner Awakening. Cowley Publications, 2004, p.91-99. 

Las Actitudes Hacia Dios

De manera de continuar la iniciación del paso espiritual cristiano debemos de entender nuestra actitud hacia Dios. El padre Thomas Keating desarrolla este tema en su libro “Intimidad con Dios”, (p.10-14). Aqui el desarrolla la idea de como hemos sido educado en nuestra formación cristiana con actitudes que provienen de un modelo occidental de espiritualidad donde los actos exteriores son más importantes que los interiores, el yo inicia las buenas obras y Dios recompensa por ellas, un interés omnipresente por ir al cielo más que por ejercitar el amor a Dios y al prójimo aquí y ahora, en el que tanto insiste la predicación de Jesús.
“El modelo bíblico de espiritualidad redescubierto por los estudiosos cristianos y ratificado con insistencia por los documentos del Concilio Vaticano II, permitió a la Iglesia reconocer, captar de nuevo y comenzar a renovar la enseñanza y los valores cristianos a partir de la fuente pura de la Escritura. Se puede decir que, gracias al estudio exegético del significado original de las palabras y del contexto cultural en que se escribieron los libros bíblicos, probablemente tenemos en nuestro tiempo una comprensión mejor de la verdadera intención de los autores bíblicos que todas las gene- raciones posteriores a la muerte de los apóstoles.”

“El modelo bíblico representa un giro de 180 grados con respecto al modelo occidental. La Escritura enseña que la motivación interior es más importante que los actos externos.”

“La tradición cristiana es la experiencia viva del Evangelio. Su práctica destruye el sistema del falso yo, con sus valores falsos y sus exigencias ex- cesivas basadas en un sentido deformado de quiénes somos y de nuestra necesidad consiguiente de compensar. La tradición se vive. La persona la expresa en su vida y en sus reacciones ante la vida.”

“No es el modelo occidental del “yo fuera de Dios” el que inicia la obra verdaderamente ins-piradas por Dios, sino el “yo en Dios” y “Dios en el yo”. En el modelo bíblico de espiritualidad el Espíritu habita en nosotros como la fuente dinámica de inspiración para todas nuestras buenas obras, y nosotros consentimos…”

“El modelo bíblico de espiritualidad pone el acento en el desarrollo de la unión con Dios aquí y ahora y en el trabajo al servicio de los necesitados.”

“…el modelo bíblico de espiritualidad presenta es la necesidad de cultivar el amor de Dios aquí y ahora más que el trabajar por una recompensa futura o por amontonar garantías celestiales.”

“Es muy difícil comenzar bien el camino espiritual si llevamos un peso de actitudes negativas no examinadas y no cuestionadas hacia Dios.”

Meditación

Hay muchas maneras de explicar la meditación, qué es, qué hace, cómo funciona. Se dice que la meditación es una forma de evocar la respuesta de relajación. La meditación, dicen otros, es una forma de entrenar y fortalecer la conciencia; un método para centrar y enfocar el yo; una forma de detener el pensamiento verbal constante y relajar la mente del cuerpo; una técnica para calmar el sistema nervioso central; una forma de aliviar el estrés, reforzar la autoestima, reducir la ansiedad y aliviar la depresión.

Todo eso es bastante cierto; Se ha demostrado clínicamente que la meditación hace todas esas cosas. Pero me gustaría enfatizar que la meditación en sí misma es, y siempre ha sido, una práctica espiritual. La meditación, ya sea cristiana, budista, hindú, taoísta o musulmana, se inventó como una forma de que el alma se aventure hacia adentro, para encontrar finalmente una identidad suprema con Dios. ‘El Reino de los Cielos está dentro’, y la meditación, desde el principio, ha sido el camino real hacia ese Reino. Cualquier otra cosa que haga, y hace muchas cosas beneficiosas, la meditación es ante todo una búsqueda del Dios interior.1

Ken Wilber, Grace and Grit: Spirituality and Healing in the Life and Death of Treya Killam Wilber 76 (1993).

La Oracion Centrante y los Pensamientos

Se hace un recorrido por lo que pasa durante el desarrollo de  la Oración Centrante y luego retomamos la discusión de los tipos de pensamientos que se presentan en nuestra mente durante el periodo de oración: pensamientos ordinarios, pensamientos con una carga emocional de atracción o repulsión que activan una variedad de sentimientos, pensamientos de auto reflexión, pensamientos que provienen del inconsciente y pensamientos que se caracterizan por percepciones, iluminaciones e intercesiones.

Se enfatiza la importancia de que la Oración Centrante que forma parte del tipo de oración apofática sirve al proceso de desarrollo de la conciencia apófatica o espacio sagrado tanto para Dios como para los seres humanos.

La oscuridad apofática no es ni “oscura” ni “vacía” ni “sin forma”. Más bien, es el núcleo de nuestra percepción verdadera. Está llena de facultades perceptivas sutiles, los sentidos espirituales, como se les conoce en la tradición mística cristiana y una especie de holograma intuitivo de conocimiento que es el movimiento central de la conciencia unitiva y el fundamento de la individualidad unitiva. Una vez que se empieza a vislumbrar esta verdad, la práctica apofática deja de ser una carga y comienza a brillar con la alegría del descubrimiento e inminencia del encuentro. “En el centro de la nada de uno, uno se encuentra con lo infinitamente real”, dice Thomas Merton, y agrega: Este acto de entrega total no es meramente una fantástica apuesta intelectual y mística; es algo mucho más serio. Es un acto de amor por esta persona invisible que, por el don mismo del amor por el que nos entregamos a su realidad, también nos da a conocer su presencia. Llame a esa “persona invisible” Cristo, Dios, o el propio yo más profundo: El camino de la entrega practicado en cada pequeño desprendimiento eventualmente llena la oscuridad con el conocimiento íntimo del rostro que tenemos antes de tener un rostro, la unidad en el amor que es la forma de “conocer siendo conocido”.

Referencia: Cynthia Bourgeault, Centering Prayer and Inner Awakening. Cowley Publications, 2004

¿Cómo es un período de Oración Centrante?

¿Cómo es realmente un período de Oración Centrante? 
               Comienzas sentándote en tu silla, en tu taburete de oración o te sientas en tu esterilla , ojos cerrados,  y cuerpo relajado. Si  deseas, puedes concentrarte en torno a tu intención con una breve oración como "Padre, me abandono en tus manos y encomiendo mi alma", o "Oh Dios, estoy aquí o tomando un par de respiraciones intencionales. Pero la Oración Centrante en realidad comienza cuando comienzas a "decir" tu palabra sagrada, repitiéndola en silencio, suavemente y al principio de manera constante, como un símbolo de tu disposición de consentir en la presencia y acción de Dios durante este tiempo de oración.
               El siguiente paso es el más importante en la práctica, y también el más difíciles de explicar. Las instrucciones habituales son más o menos así: "Cuando notes que ya no te sientes atraído por el pensamiento, suelta la palabra..."
Pero, por supuesto, estas instrucciones se cancelan a sí mismas y han sido la ruina de muchos practicantes que intentan dominar esta oración. ¿Cómo se puede "observar" sin pensar? Como puedes "decidir" soltar la palabra sin que eso mismo sea un pensamiento?
               En realidad, sin embargo, hay una simple magia aquí, nuevamente depende de ese maravilloso operativo, la participación de tu inconsciente. La palabra simplemente desaparece. Es muy parecido al proceso de conciliar el sueño. No puedes ver el momento en que realmente te quedas dormido. Simplemente sucede.
               Es esencialmente lo mismo en la Oración Centrante. El momento crucial está cuidado. No tienes que "hacerlo"; sucede por sí solo, programado directamente en tu intención original de estar profundamente abierto a Dios. No te das cuenta del momento en que dejas de pensar; lo que notas es el momento en que empiezas a pensar de nuevo. Te encuentras en medio de un pensamiento y vuelves a tu palabra sagrada como una forma de volver a esa apertura. Y luego viene otro pensamiento, y con él, el regreso a la palabra sagrada. . .
               Y sigue y sigue, durante los veinte minutos que haces esta oración (veinte minutos es el tiempo mínimo recomendado para una sesión). Subjetivamente, las únicas partes que directamente recordarás  son los tiempos de lucha con los pensamientos. Pero en efecto, estos tiempos  relativamente más agitadas  de la "superficies de ti mismo” han sido contrarrestados por tiempos de profundo descanso en  lo más hondo. No podrás percibirlos directamente, por supuesto, porque en el momento en que empieces a pensar en ellos, se habrán ido. Pero conservarás algún recuerdo residual de ellos: una inexplicable sensación de frescura y, a veces, una vívida sensación de haber sido arrastrado a lo más profundo de tu propio corazón, o de haberte sentado al borde de una increíble intimidad y ternura.
               Por esta razón, Thomas Keating aconseja a las personas una y otra vez a no buscar los frutos de esta oración en su experiencia subjetiva de la misma. La Oración Centrante no se trata de acceder a estados sublimes de conciencia o tener experiencias místicas. Los frutos de esta oración se ven primero en la vida diaria. Se expresan en su capacidad de estar un poco más presente en tu vida, más flexible y comprensivo con aquellos con los que vives y trabajas, más honesto y cómodo con tu propio ser. Estos son los signos reales de que las profundidades internas han sido tocadas y han comenzado a poner en marcha su trabajo transformador.
Referencia: Cynthia Bourgeault, Centering Prayer and Inner Awakening 2004, p 30

Oración Centrante: Meditación Que Nos Abre Nuevos Niveles De Percepción

Se presenta los conceptos de oración catafática y apofática para entender el proceso de formación de un nuevo sentido de percepción que se desarrolla con la práctica de la Oración Centrante. Se explica que la Oración Centrante forma parte de la categoría de oración apófatica donde se pasa por alto las facultades mentales tales como la capacidad de razonamiento, imaginación, visualización, emoción y memoria.
También se comenzó a hablar sobre los tipos de pensamientos que pasan por nuestra mente durante el periodo de meditacón para estar más informados de ellos y así reconocerlos con mayor facilidad y poder aprender más fácilmente a no involucrarnos con ellos y dejarlos pasar. Se deja claro que lo más importante en este tipo de meditación es la de nuestra intención de entrega y abandono a las manos de Dios dentro de nosotros.
El Padre Tom Francis, un monje trapense contemporáneo y maestro de Oracion Centrante describe cómo la definición clásica de apofático como "oración más allá de las facultades":
 "La Oración Centrante insiste en que el que ora desea encontrarse con Dios tal como Dios es, directamente, inmediatamente, es decir, no mediado por ningún pensamiento, oración, reflexión o lectura. Y entonces los ojos están cerrados, el orador  apaga por completo todas las operaciones de la conciencia normal, no permitiendo ninguna idea, pensamiento o imagen. Así, las facultades normales del intelecto, la imaginación, la memoria y la voluntad están cerrados, inoperantes, y la persona va a su centro, a su espíritu, a su Yo profundo y verdadero, a su personalidad, donde está hecha para la imagen de Dios, espíritu a Espíritu, en una unión sin palabras, comunión, el amante con el Amado (Dios Trino) más allá de todas las mediaciones. . . . Podría llamarse mejor conciencia trascendente porque es el estado de estar en contacto directo con el Dios que habita en el interior. Por supuesto, Jesús, el Hijo de Dios encarnado, es el único mediador de este encuentro, pero uno debe dejar de lado todas las demás mediaciones. Jesús hace su trabajo sin que el meditador lo llame o le hable. ¡Que Jesús haga lo suyo y el orador haga lo suyo, es decir, receptividad total!"

Referencia: Cynthia Bourgeault, Centering Prayer and Inner Awakening. Cowley Publications, 2004